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martes, mayo 11, 2021
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Alberto viaja con Kicillof a Israel como primer destino internacional y Cristina vuelve a la Presidencia

Finalmente, mañana Alberto Fernández viajará a Jerusalén, Israel, acompañado por Axel Kicillof para participar del Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el antisemitismo, una jornada que organiza el gobierno de ese país tras ser establecida por la UNESCO para recordar cuando las tropas soviéticas liberaron a miles de judíos que esperaban la muerte en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau y que reúne a importantes líderes mundiales.

El viaje a Jerusalén está cargado de explicaciones, objetivos y consecuencias significativas: tanto para el Presidente como para el gobernador bonaerense será su primera visita oficial desde que asumieron sus cargos el 10 de diciembre; se trata de un gesto contundente hacia el Estado de Israel para mostrar qué vínculos geopolíticos busca Alberto sin abdicar de sus posiciones de principio; e implica la vuelta de Cristina Fernández de Kirchner, con todo lo simbólico que ello trae aparejado, a la Presidencia de la Nación por cuatro días.

Además de Fernández y Kicillof, la comitiva argentina estará integrada por la primera dama, Fabiola Yañez, el canciller Felipe Solá y el embajador argentino en Israel, Sergio Urribarri.

CÓMO Y POR QUÉ JERUSALÉN

Alberto Fernández se reunió con Galit Ronen, la embajadora de Israel en la Argentina, antes de su asunción, el 12 de noviembre en las oficinas que el ahora mandatario tiene en Puerto Madero. Fue un encuentro reservado sin fotos. Allí, la diplomática le transmitió al entonces Presidente electo la invitación al Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el antisemitismo, según contó Cenital.

No fue el único encuentro. Después del 10 de diciembre, hubo otro pero sin el Presidente. Ronen estuvo con el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y en esa oportunidad la representante diplomática le reiteró el convite. Fue el jueves pasado, pleno enero, que el hombre de la mesa chica presidencial confirmó la asistencia de Fernández.

La participación del primer mandatario en el Foro, que se va a llevar a cabo en el Museo de Yad Vashem de Jerusalén, en lo que será su primer viaje internacional sorprendió a muchos, incluso en la sede diplomática israelí en Buenos Aires. Principalmente por las controversias generadas en torno a declaraciones muy antiguas hechas por la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, sobre Hezbollah en el marco de su actividad académica -que un sector de la prensa republicó como si fueran actuales- y en una semana marcada por el aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman y las polémicas actualizadas entorno a cómo se produjo su fallecimiento.

En este contexto, Fernández consigue ratificar así algo que ya había manifestado desde lo simbólico, pero con un gesto más “material” que las palabras: no sólo no hay animosidad alguna por parte del gobierno de Argentina hacia el Estado de Israel, sino que, por el contrario, Buenos Aires quiere una buena relación bilateral.

Además del gesto contundente hacia el Estado de Israel, éste no implica abdicar las posiciones de principio que Argentina tiene y ratificó el Frente de Todos en campaña y desde la asunción, que en otros tiempos la llevaron a sumarse junto a Uruguay a la iniciativa brasileña de reconocer a Palestina como estado independiente y a ser impulsor activo de una solución pacífica y negociada, basada en el principio de dos estados para los dos pueblos que habitan en la región que va desde el Jordán al Mediterráneo.

Argentina será el único país de América Latina presente en el Foro y es el único país de América del Sur que integra como miembro pleno la Alianza Internacional de Recuerdo del Holocausto, a la que se incorporó en 2002. Esos dos elementos hacen esperable que Buenos Aires envíe una delegación de alto nivel, pero otra cosa es que vaya el jefe de Estado en persona. Se configura un mensaje que, por tratarse de uno de sus mayores aliados en el mundo, será visto con agrado desde Washington para el futuro de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

Algunas versiones periodísticas indican que Fernández no pensaba ir a Medio Oriente. Todas las miradas de anticipación analítica apuntaban a España, algún país latinoamericano o México como primer destino internacional. Sin embargo, esa información sin confirmar -que no queda en offside al considerar que el propio mandatario contó que conversa sobre geopolítica con su vice- sostiene que fue CFK quien le recomendó al presidente ir a Jerusalén como un gesto de buena voluntad geopolítica. O al menos felicitó la decisión en la última charla personal que tuvieron, el viernes pasado por la tarde.

Todas estos ítems no son los únicos trascendentales que visten de importancia al evento: Alberto Fernández coincidirá con jefes de Estado de potencias de primer orden. Hasta las últimas horas, estaban confirmados el presidente francés, Emmanuel Macron; el ruso Vladimir Putin; el alemán Frank-Walter Steinmeier; el italiano Sergio Mattarella; el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence y, por supuesto, el primer ministro local Benjamín Netanyahu.

Si bien no hay cumbres bilaterales cerradas, hay tres grandes candidatos en agenda. Una dificultad que llevó a que aún no se sepa con quiénes se reunirá Alberto fue la tardanza en la confirmación del viaje.

DIME CON QUIÉN HABLÁS

Independientemente -o no- de que Alberto busca enfriar las “tensiones” -si es que las hubo- con los Estados Unidos y Donald Trump y con la comunidad judía internacional en el marco de un nuevo aniversario de la muerte de Nisman, así como en el mismo lapso temporal surgieron rispideces mediáticas a partir de que se refritaran declaraciones de Frederic acerca de la posibilidad de derogar el decreto firmado por Mauricio Macri que declaró a la organización política Hezbolá como “terrorista”, la llegada de Buenos Aires a Jerusalén tiene otros objetivos no menos que importantes.

Es que Fernández y Cancillería de la mano de Felipe Solá buscan concretar la chance de que la Argentina pueda transmitir su mirada sobre las relaciones exteriores al ruso Vladimir Putin, el francés Emmanuel Macron y al israelí Benjamin Netanyahu.

Tanto en campaña como luego de haber asumido al frente del Poder Ejecutivo, Fernández aclaró que busca vículos internacionales “desideologizados” y pragmáticos, pero sin claudicar banderas tradicionales. La idea sería ahora, entonces, explicar a Putin, Macron y Netanyahu cómo será esa diplomacia “desideologizada”, respetando la autodeterminación de los pueblos y sin injerencia en los asuntos internos de los países.

Según Infobae y como surge de los hechos ocurridos tras la cumbre del G20 en Argentina, en Moscú interesa saber cómo seguirá Buenos Aires la cuestión de los acuerdos firmados con Macri. En esa oportunidad, Argentina aceptó que capitales rusos levantaran una central nuclear, construyeran el tren que debería llegar a Vaca Muerta y participaran en el Gran Complejo de Paraná, que permitiría multiplicar las exportaciones agroindustriales a Rusia.

Si hay reunión bilateral entre Fernández y Putin, además de las relaciones comerciales, un hipotético tema podría ser Venezuela. Es que Moscú tiene entre sus intereses vinculados a América Latina su sociedad con Nicolás Maduro y por eso es casi natural que el líder ruso quiera conocer de primera mano cuál es la posición diplomática del presidente argentino y fundamentalmente qué propone para resolver la crisis venezolana. Se sabe que el ex jefe de Gabinete de CFK rechaza la injerencia extranjera y tiene como horizonte una salida democrática que no puede incluir -valga la redundancia- exclusiones políticas.

El presidente argentino también desea que sus 50 horas en Jerusalén incluyan unos minutos con Macron, el líder francés que tiene todo dado para suceder a Angela Merkel como canciller de Europa, con todo lo que eso implica.

Se sabe que París quiere un encuentro con Buenos Aires y, según versiones no confirmadas oficialmente, es posible que se de en la tarde del jueves 23. Macron y Fernández ya hablaron por teléfono cuando Macri todavía ocupada la Casa Rosada.

A Macron le interesan cuatro asuntos de la relación bilateral de la Argentina: Venezuela, como en casi todas las agendas; la continuidad del respaldo nacional al acuerdo del Cambio Climático, cuestión central para Francia; cómo continúa el tema tratado Mercosur-Unión Europea; y, más por compromiso que por deseo, la profundización del intercambio comercial entre ambos países.

Fernández comparte la necesidad del acuerdo del Cambio Climático, tiene obvias intenciones de mejorar los términos del intercambio comercial con Francia y ya manifestó sus dudas acerca del tratado Mercosur-Unión Europea -como las tiene Macron- que avaló Macri. Habría diferencias acerca de Caracas y Maduro, ya que se sabe que el francés reconoció y apoya al autoproclamado Juan Guaidó y Fernández no. No obstante, la postura de París al respecto es más flexible que la de otros, como Trump.

El otro encuentro que quiere Fernández es con Netanyahu, el primer ministro de Israel. Debería ser la reunión más fácil de conseguir, por la localía de Jerusalén y el gesto de Buenos Aires, pero desde la perspectiva diplomática también sería la más compleja.

Al fin y al cabo, la agenda muestra que Fernández y Kicillof parten mañana desde un vuelo de línea para comenzar su recorrida en Israel desde el miércoles, cuando a la noche se brinde la cena en la que participarán diferentes líderes de todo el planeta. La jornada culmina el jueves, aunque unos días después el Presidente tiene otro viaje y otra misión importante, aunque más simbólica: el primer mano a mano y foto con el Papa Francisco, en el Vaticano. Más allá de la imagen, las sonrisas y los trascendidos, podría ser el puntapié inicial para conseguir gestos, mensajes, apoyos de Jorge Bergoglio respecto de temáticas internacional que sufre la Argentina, como la deuda externa.

CRISTINA PRESIDENTA

Al mismo tiempo que todo esto ocurre y a sabiendas de que el propio Alberto contó que uno de los temas de consulta con su vicepresidenta es la geopolítica, el viaje del mandatario a Israel y luego Roma configurará un hecho trascendental en el país: dejará la foto de la vuelta de Cristina, por cuatro días, a la Presidencia de la Nación.

De igual forma, la vicegobernadora Verónica Magario se hará cargo de la Provincia ante la participación de Kicillof en la agenda internacional de Alberto en el país del medio oriente.

Aún no hay una agenda oficial que determine qué hara la vicepresidenta en esos cuatro días en que será cabeza del Ejecutivo. No obstante, según La Nación CFK no pasará por la Casa Rosada, tal como quedó claro a partir de su determinación de no tener despacho allí.

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