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lunes, marzo 1, 2021
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En Reino Unido aseguran que Alberto y Georgieva deben “limpiar el desorden que heredaron” de Macri y Lagarde

Mientras desde Buenos Aires dirigentes macristas aún insisten en afirmar que la deuda que dejó Cambiemos es “manejable” a pesar de las pruebas empíricas, hasta el mundo en el que intentaron sostener su gestión como exitosa insiste en demostrarles lo contrario: el prestigioso semanario británico The Economist publicó un duro editorial en el advierte que el pasivo argentino es “insostenible”, asegura que Alberto Fernández y Kristalina Georgieva deben “limpiar el desorden que heredaron” de Mauricio Macri y Christine Lagarde, y pronostica que el Fondo Monetario Internacional y los acreedores privados deben aceptar una importante reducción del capital e intereses en el marco de la negociación para la reestructuración.

En plena negociación del gobierno argentino con bonistas privados y con el FMI por la reestructuración de la deuda, el medio con base en Londres señaló que el organismo de crédito internacional le dice “duras verdades a los acreedores argentinos” relacionadas a la incapacidad de pago de la Argentina.

“El FMI es el mayor acreedor de Argentina y posee USD 44 mil millones del fajo de deuda extranjera de USD 100 mil millones que Argentina quiere renegociar. La semana pasada, el Fondo dejó en claro que la deuda del país es insostenible. El endeudamiento se acerca al 90% del PBI. El país se está recuperando de la caída del peso, la reducción de las reservas y una recesión amarga”, dice el artículo, que así destroza a la administración de Cambiemos y otorga la razón al Frente de Todos.

Sin nombrar textualmente a Macri ni a Lagarde, The Economist los destroza: la publicación advierte que Argentina y el FMI “tienen cosas en común” porque, entre otras cosas, el presidente Fernández asumió en diciembre de 2019, dos meses después que Georgieva se pusiera al frente del ente de crédito, y que “ambos líderes quieren limpiar el desorden que heredaron”.

“Puede no admitirlo, pero la Argentina y el FMI tienen cosas en común. Ambos están bajo nueva administración. El presidente Alberto Fernández asumió el cargo en diciembre, dos meses después de que Kristalina Georgieva se convirtiera en jefa del Fondo. Ambos líderes quieren limpiar el desorden que heredaron”, enfatiza TE.

En el texto se recuerda que el organismo de crédito internacional encabezó en 2018 el vigésimo primer rescate al país y se señala que en el contexto actual están en juego una montaña de dinero, la credibilidad de la misión de Georgieva de reinventar el FMI y “las perspectivas de 45 millones de argentinos”

Frente a la demanda de algunos acreedores de que el FMI recorte también sus acreencias, el artículo refiere que “el Fondo tiene el trabajo de prestar cuando otros no lo harán, y por lo tanto, tiene el derecho a insistir en que se le pague, incluso cuando a otros no”.

“El país está tambaleando por la caída del peso, reservas reducidas y una amarga recesión”, afirma el semanario británico, y recuerda el planteo del Fondo sobre que “el ajuste del cinturón requerido para pagar todas las deudas no es económico ni políticamente factible”.

El editorial afirma que, “en lo que tanto Argentina como el FMI coinciden, es en golpear a los acreedores privados, quienes a lo largo de los años han sido tan crédulos como los votantes y los tecnócratas del FMI”.

Es en este punto en que el texto de The Economist pronostica algo central en el marco de la discusión actual acerca de qué modelo de renegociación debería llevar adelante Alberto y si habrá quita o no.

“Si tiene éxito, la reestructuración debería conducir a reducciones en el capital de la deuda y los costos de intereses por un valor tal vez del 10-20% del PBI”, sentencia el semanrio londinense.

Resalta luego que “los acreedores se apilaron en la compra de de los bonos soberanos argentinos a 100 años, emitidos en 2017, que ahora valen 42 centavos por dólar”.

“La Argentina necesitará un nuevo préstamo para ayudar a pagar el viejo”, afirma The Economist, y señala que “se espera que el Gobierno presente el próximo mes una propuesta formal de reestructuración de la deuda”.

El editorial cuestiona que, mientras que en el pasado este tipo de programa implicaba préstamos a largo plazo en conjunción con demandas de austeridad, las autoridades argentinas “han estado haciendo lobby al Fondo y a los ministros de finanzas del G7 para que adopten un enfoque más blando que priorice el crecimiento”.

Esa postura coincide con “la ambición de Georgieva de refundar el FMI: en lugar de siendo el disciplinador de las finanzas globales”, haciendo “más por ayudar a los países pobres a crecer en el largo plazo”, describe. Según agrega el artículo, el organismo “debe evitar imponer innecesaria humillación o sufrimiento en Argentina, pero también debe evitar consentir la ilusión de que de repente se convertirá en una economía próspera”.

No obstante, llama a que “el gobierno gaste menos en jubilaciones, empleados públicos y subsidios a la energía, y, en cambio, más en inversión, para que la perspectiva de crecimiento de Argentina mejore”. También aboga por una estructura impositiva “más amigable con las exportaciones y con leyes laborales menos perjudiciales para la contratación”.

Finalmente, la nota editorial insta a la titular del FMI a proponer “unas pocas metas duras sobre el déficit y la inflación”, y dejar “que sea el gobierno el que vea cómo alcanzarlas: creciendo más rápido, si es posible, o si no, apretando entonces el cinturón”.

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