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sábado, marzo 6, 2021
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La cantidad de muertos en siniestros viales bajó un 87% durante el aislamiento obligatorio

Las calles de la Argentina eran otras antes de la pandemia de coronavirus. En especial, antes de que el Gobierno nacional decretara la cuarentena general y obligatoria. Basta con asomarse a una ventana para verlo: las avenidas bajaron el caudal de tránsito y las pocas personas que las cruzan van o vuelven de un supermercado, carnicería, almacén o verdulería. La indicación de no salir busca que el virus no circule. No contagie. Pero esa norma también generó un efecto en otro tema de salud pública que muchas veces queda invisibilizado.

Desde el 23 al 29 de marzo, la cantidad de muertos en siniestros viales en todo el país disminuyó un 87%. Y a estos hechos se los nombra como siniestros y no como accidentes, para resaltar que no son asuntos fortuitos, sino evitables.

La caída fue calculada por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que comparó siete días sin cuarentena versus siete días con la modalidad impuesta. Y encontraron que mientras en 2019 hubo 95 fallecimientos, este año fueron 12. Poco menos que las personas que a diario mueren en la Argentina por la inseguridad vial.

Según estadísticas oficiales, en todo el país y cada 24 horas, 15 personas mueren en siniestros de este tipo. La estadística es de 2018, último dato disponible, y contempla a las víctimas que fallecieron en el lugar o un día después. Pero, si se consulta a organizaciones sociales que estudian el tema, la cifra asciende a 20. La diferencia está en que las asociaciones también incorporan a los que murieron una semana después del incidente.

“La comparación ofrece un dato real pero excepcional, porque obedece a una baja de circulación abrupta generada por la cuarentena. Aún así sirve para, una vez que el aislamiento pase, pensar qué se hará desde el Estado y desde lo particular para atender este problema que en el país representa la primera causa de muerte entre jóvenes”, dice Pablo Martínez Carignano, director ejecutivo de la Agencia.

Desde que le llegaron los resultados, se ilusiona con la idea de que la conciencia del riesgo que implica el coronavirus se replique en cuestiones de vialidad: “La cuarentena nos está mostrando que si hacemos lo que tenemos que hacer y si el Estado está presente para controlar y asistir, el resultado es notable”, dice. Piensa que así como la sociedad debió reaprender a lavarse las manos y volverse más estricta con la higiene y la distancia física, quizás pueda incorporar el mismo hábito de autocuidado personal y hacia el otro en el uso del cinturón, el casco y el respeto hacia las normas.

“Si los conductores y peatones están comprometidos y el Estado profundiza los controles de velocidad y alcoholemia, podemos pensar en un contrato social diferente y en muchas vidas salvadas”, agrega y subraya que la vialidad no debe ser analizada como una cuestión administrativa o punitiva, sino de salud pública. En ese sentido, subraya: “La baja en los siniestros viales libera camas de hospitales. Refleja un alivio a la carga en el sistema sanitario”. A este punto incluso se refirió en su última conferencia de prensa el ministro de Salud, Ginés González García, quien indicó que una merma en los siniestros viales se traducía en más espacios de terapia intensiva disponibles.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las muertes y lesiones causadas por el tránsito ocasionan pérdidas económicas que pueden representar hasta el 3% del PBI en países de ingresos bajos y medios, como la Argentina.

Los costos derivados de la atención y tratamiento de los heridos, de la pérdida de productividad de las víctimas que quedan discapacitadas en forma temporal o de por vida, así como los daños materiales, los costos administrativos y del sistema judicial, por sólo citar algunos ítems, suman cifras millonarias.

Un relevamiento del Observatorio de Seguridad Vial del Gobierno porteño en los 13 hospitales de agudos de la Ciudad, contabilizó que durante 2018 hubo 11.440 registros de ingreso a causa de siniestros viales. De acuerdo a sus cifras, Martínez Carignano calcula que la inseguridad vial cuesta $ 1.700 millones en un año y alrededor de $ 4,5 millones por día sólo en la atención médica de víctimas que ingresan a los hospitales porteños.

Viviam Perrone, fundadora de Madres del Dolor y mamá de Kevin Sedano -asesinado por un automovilista que lo atropelló y lo abandonó-, formó parte del pedido de medir si habían bajado o no las muertes viales en este contexto de pandemia y aislamiento. Su deseo era que no se registrara ningún fallecimiento, pero fueron 12: seis en Córdoba, uno en Buenos Aires, otro en Santa Fe, uno en San Juan, otro en Entre Ríos, otro en San Luis y otro en Neuquén.

Su temor es que los números reflejen sólo un desplazamiento hacia adelante: “Me preocupa qué va a pasar una vez que se levante la cuarentena. Me preocupa -insiste- que los conductores estén más apurados por todo lo que no pudieron hacer o estén distraídos al manejar, con sus cabezas ocupadas, en forma lógica, en sus problemas económicos”.

En una analogía con el coronavirus, Perrone define a la inseguridad vial como una epidemia silenciosa que a las personas les cuesta aceptar. “Piensan ‘no me va a pasar’, ‘puedo manejar usando el celular, sé hacerlo, lo necesito para mi trabajo’ o dicen ‘puedo tomar y manejar porque voy lento o por calles sin tránsito’. Te explican: ‘puedo llevar a mi hijo en el asiento de adelante porque son pocas cuadras’. Siempre encuentran una excusa. Lo que no saben es que a cualquiera le puede tocar y es importante cuidarnos entre todos”.

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