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lunes, marzo 8, 2021
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Se jubila Faurie, el ex canciller de Macri: no sabe si sigue en política y podría irse de la Argentina

Después de casi 45 años de haber entrado al Servicio Exterior de la Nación y llegar al máximo cargo de esa dependecia pública bajo la cuestionada administración de Cambiemos, Jorge Marcelo Faurie, el último canciller de Mauricio Macri, decidió jubilarse y su dimisión fue aceptada por su sucesor, Felipe Solá.

El ex ministro de Relaciones Exteriores y Culto que el líder PRO puso allí entre mayo de 2017 y el final del gobierno de Cambiemos, el último 10 de diciembre, en reemplazo de Susana Malcorra estuvo el lunes en el edificio central de la Cancillería, de Arenales y Esmeralda, haciendo los trámites administrativos del caso. Luego se conoció la resolución de Solá, su reemplazante bajo gestión del Frente de Todos, que publicó Clarín.

“Acéptase la renuncia al Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación presentada por el señor embajador Extraordinario y Plenipotenciario D. Jorge Marcelo Faurie (DNI 10.315.404) a partir del día 1 de enero de 2020” según la ley del servicio exterior 20.957 y sus modificaciones, se lee en el texto que significa el inicio del trámite de jubilación de los diplomáticos.

El propio Faurie le confirmó al mismo medio su decisión de alejarse de “La Casa”, como se conoce a la Cancillería, a sus 68 años (edad a la que ya es posible retirarse).

El ex funcionario de Macri, que no culminó su mandato con decisiones y eventos felices, tendría dos dudas que tienen paralelo en otros integrantes del gobierno PRO: no sabe si seguir o no en política y, además, podría irse de la Argentina.

La especulaicón es que se iría a vivir a Portugal, donde tiene una propiedad, pero también se dijo -según Clarín- que “se entusiasmó con seguir en la política”. Pero responde, al mismo medio, no haber decidido aún su futuro.

Con el traspaso de Cambiemos al Frente de Todos, Faurie y Solá se tiraron con de todo. El macrista atacó al peronista con argumentos meritócratas, como sus habilidad de idiomas. El ex gobernador de la provincia de Buenos Aires acusó al ex funcionario PRO de haber nombrado numerosos cargos en el exterior y haber ascendido a otros a sólo días de irse. Al asumir le frenó todo. Nunca se reunieron para la transición.

EL PRONTUARIO DEL NUEVO JUBILADO DE PRIVILEGIO

Antes de asumir como canciller, Faurie era embajador en Francia. Allí lo puso el ex presidente Macri con su llegada a Casa Rosada. Experto en protocolo, organizó el improvisado traspaso de poder en 2015 y la cumbre del G20, entre otros eventos “insignia” de Cambiemos. Luego asumió como ministro, tras la salida de Malcorra producto de ruidos con el macrismo y el fracaso de su proyecto de conducir la ONU.

Según Clarín, Faurie fue el cuarto diplomático de carrera en llegar a ministro de Relaciones Exteriores de la historia y el segundo recibido del servicio exterior propiamente dicho. Uno de sus problemas fue que tuvo doble comando con el ex secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo, hombre de extrema confianza de Macri.

Pero aún siendo diplomático, como los ministros políticos, tuvo sus problemas con el cuerpo de funcionarios de carrera. Por una parte, porque intentó implementar un ajuste, que ahora están en duda. Tampoco consiguió revirtir la pérdida de atribuciones del comercio exterior en el ministerio, que comenzó con Cristina Kirchner, se agudizó con Macri y que ahora Alberto Fernández y Solá restituyeron. Faurie es querido por algunos diplomáticos pero también resistido por su mal temperamento, que él mismo reconoce, incluso con humor.

Ocupó, entre otros puestos, la embajada en Portugal; vicecanciller de Carlos Ruckauf (2002), con quien se fue a trabajar siendo este último gobernador de Buenos Aires. También ocupó el cargo de Director Nacional de Ceremonial del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto; Director de Mercosur en los ’90. Y estuvo en diversos destinos como Brasil y Chile.

En ese recorrido, Faurie participó de hechos oscuros que convierten a historial más en un prontuario que en un currículum: cuando en 2002 fue vicecanciller de Ruckauf, fue echado con disfraz de renuncia tras el escándalo de las cuentas en suiza de Ramón Hernández, secretario privado de Menem; y también fue relacionado con una logia masónica italiana, Propaganda Due, asociada a ideas fascistas.

El periodista Martín Granovsky afirmó que Faurie fue parte del equipo del diplomático Carlos Federico Barrtfeld en la misión diplomática en Rumania, como publicó el portal Nuestras Voces. Barrtfeld era miembro de la logia masónica italiana Propaganda Due (también conocida como P-2) y tenía un estrecho vínculo con el genocida Eduardo Emilio Massera. Los periodistas Susana Viau y Eduardo Tagliaferro subrayaron que “a solicitud de Licio Gelli fue trasladado a Roma, en la misma época en que se realizaron en la capital italiana dos importantes reuniones de la logia P-2 donde se definieron los planes masónicos” y que en su misión diplomática, Rumania estaba dirigida por Nicolás Ceacescu y “tenía un lugar destacado en el negocio de triangulación de armas y era centro de interés tanto para Isabel Perón y José López Rega como para la P-2 y Emilio Massera”.

Según ese artículo Barttfeld estaba inscripto en los anales del P-2 con el número 479 y Massera, con el 478. Barttfeld también fue embajador en Yugoslavia entre 1991 y 1995, período en el que ingresaron 6500 toneladas de armamento procedente de Fabricaciones Militares con destino a Croacia.

En su libro El Pibe, Gabriela Cerruti subraya que el exlíder de la P-2, Licio Gelli, confirmó que mantuvo una relación de años con Franco Macri, el padre del ex presidente, y que llegó a conocerlo bien. Gelli, además, fue beneficiado por la dictadura con el puesto de “ministro plenipotenciario para asuntos culturales” en la embajada argentina en Italia, y fue quien promovió ascenso profesional de Barttfled cuando la Cancillería quedó bajo la influencia naval.

La logia P-2 fue una organización fascista que tuvo como miembro a Silvio Berlusconi y se hizo famosa por su papel en el colapso del Banco Ambrosiano del Vaticano.

El otro punto cúspide del prontuario de Faurie ocurrió después de que el gobierno de Eduardo Duhalde designara a Ruckauf como canciller en 2002 y el ex ministro de Macri ocupara entonces el segundo lugar. En septiembre de ese año la Oficina Anticorrupción (OA) denunció a Faurie ante la Justicia “por haber omitido consignar en su última declaración jurada una sociedad que comparte con Ramón Hernández, el secretario privado de Carlos Menem”, según consignó en ese entonces el diario La Nación.

En su momento, el entonces vicecanciller manifestó que ambos planeaban instalar un restaurante mexicano en el salón Tattersal en el hipódromo de Palermo. En su descargo, afirmó que no había declarado la sociedad porque pensó que no debía hacerlo “debido a que efectuó aportes en efectivo, fuera del inicialmente hecho para conformar el capital social, y a que el proyecto se desactivó y no generó ganancias ni otros ingresos”.

La nota aclaró además, que mientras Faurie se desempeñaba todavía como director de Ceremonial, en 1999, había renovado por cinco años el pasaporte diplomático de Hernández, “que no lo devolvió aunque los funcionarios públicos pierden ese derecho cuando dejan su cargo”. El escándalo se desató cuando a Hernández le detectaron cuentas secretas en Suiza. Ruckauf echó a Faurie, que pasó a la Embajada en Portugal.

Consultado en conferencia de prensa por este escándalo, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo: “Estamos al tanto, creemos que el tema fue aclarado en su momento”. No lo creyeron ni en Cambiemos: luego de que se anunciara la llegada de Faurie a Cancillería, la diputada Elisa Carrió renunció a la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados.

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