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martes, mayo 11, 2021
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Una épica de la sensibilidad para gobernar tierra arrasada

El valor de la (nueva) palabra pública
En el discurso del 138º período de sesiones ordinarias del congreso, Alberto Fernández introdujo una dicotomía muy criticada por algunos analistas de discursos: la verdad versus la mentira como fundamento originario de la forma democrática. Sin embargo, para no someternos a un debate que exceda los límites de esta nota, entendemos que esta apuesta discursiva trajo aparejada una propuesta política: volver a poner en valor la palabra pública. Si bien no hace falta que despleguemos grandes argumentos para saber que la noción de valor adquiere distintas significaciones ideológicas, podemos intuir que el domingo, el Presidente propuso una nueva noción; la de “recuperar el valor de la palabra” como una jerarquía ética y moral que revalorice la política como instrumento.

La nueva Argentina se construye como significante de disputa, una marca de la época albertista que recupera la herencia de los albores de la democracia reciente. El “Nunca más” funciona como un tropo que se separa del uso exclusivo de los derechos humanos, para compartir su pertenencia con otro campo discursivo, el económico-financiero. Otras categorías también emergen en un nuevo marco de referencia para re-significar e interpretar los tópicos históricos que forman la identidad colectiva del pueblo argentino: el aborto, un tema de salud pública; la soberanía, un reclamo patrio; la justicia, una reforma urgente; el desarrollo productivo, la recuperación de las economías regionales; el conocimiento, hacia dónde queremos ir;  la educación, la matriz cultural. Esto se va fijando como una nueva cosmogonía, la del entendimiento y la responsabilidad, que deja atrás la voracidad del tecnicismo de los ceos, para reubicar la gestión del  Estado por la política.

Los pilares de una nueva Argentina

Alberto sabe que su arquitectura de poder está supeditada a un acuerdo sobre la deuda. Para tranquilizar la economía hay que suavizar los ánimos políticos, propios y ajenos. No es momento para apurar contradicciones o tabicar la acción política. Por esta razón, la infraestructura estatal adquiere una fisonomía colegiada: consejos y órganos con participación de la oposición, especialistas, científicos y personalidades públicas, ganan terreno en su proyecto de gobierno. Alberto no alimenta ambiciones políticas desmedidas. Más bien propone un sendero, un puente ancho, sobre el que puedan transitar aquellos que quieren reconstruir a la Argentina.

“Políticas de Estado” y “políticas de la sociedad” son las variables para la institucionalización de la política. Acompañadas por novedosos y no tan novedosos fundamentos ideológicos: la preeminencia de los temas de género – como el aborto y los mecanismos de regulación y prevención de violencias- en la planificación del Estado; la cuestión ambiental; las agendas de las mujeres y disidencias, así como del movimiento obrero organizado y de los movimientos sociales, se convertirán en disparadores para oxigenar debates que atraviesan al tejido social.

La escena de una nueva apertura de sesiones legislativas en manos de un gobierno peronista fue acompañada de imágenes que, como pinceladas de una nueva Argentina y estilo político, empiezan a construir un imaginario novedoso. La narrativa peronista vuelve a recuperar la liturgia y lo simbólico como parte constitutiva de su relato. El nuevo tándem, Wado de Pedro y Santiago Cafiero, como dos apuestas fuertes son el resultado auténtico de la unidad que se abre paso en la jungla del frente de todos. Una generación nueva de la política que comparte la sobriedad y la prudencia como una combinación necesaria para tranquilizar a los viejos jugadores. El rol de ambos es crucial en este momento de pequeñas derivas.

Empezó marzo con todo. Un gobierno que a 81 días de gestión comenzó trotando parece entender que esta será una carrera larga, llena de obstáculos. La agenda que se puso sobre la mesa el domingo abarca las demandas más heterogéneas, aquellas que se constituyeron en la agenda pública como cuestiones prioritarias aunque sin descuidar lo importante. Un gobierno de muchos, para muchas y muchos, pero empezando “por los de abajo”. En ese camino, a prepotencia de acuerdos y consensos, se van conformando las premisas de una nueva Argentina.

*Alejo Tolosa es Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA) y maestrando en Administración y políticas públicas (Universidad de San Andrés).

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