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domingo, noviembre 29, 2020
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Una marca del ciclo Guillermo: la deuda en el juego

A casi tres años de aquella foto en la que ambos posaban con sus nombres en la remera de Boca y se convertían en nuevos entrenadores de Boca Juniors. Guillermo y Gustavo emprendían el desafío de asumir en el Xeneize tras buenos número en Lanús, equipo en el que dieron sus primeros pasos.

Esa foto se repitió este 14 de diciembre pero con Guillermo, acompañado por el presidente Daniel Angelici, y con otro anuncio opuesto al de aquella presentación: la despedida.

Guillermo dirigió 117 partidos en el banco del club de la Ribera, de los que ganó 63, igualó 31 y perdió 23 cotejos. En cuanto números, su andar por Boca es difícil de reprochar, sobre todo si nos inclinamos en el torneo local. Los dos títulos conseguidos en el torneo local apoyan esa teoría de regularidad en los certámenes largos como entrenador.

Las deudas del Mellizo, en cuanto números y resultados, aparecen en los torneos internacionales. Porque si bien, en las dos copas a nivel internacional que disputó quedó entre los 4 mejores, no pudo sobrepasar los partidos claves. El primer revés fue la semifinal de la Copa Libertadores que perdió sorpresivamente ante Independiente del Valle en el 2016. El segundo es la reciente final en la que River lo derrotó y se quedó con la corona. En ambos certámenes, el camino fue bueno, pero en los momentos decisivos, el técnico no pudo ganar las batallas tácticas ante sus respectivos rivales.

Años atrás, el extraordinario jugador brasileño Sócrates definió con una frase cuando le preguntaron por el estilo del la selección de su país en 1982: “No hay que jugar para ganar, sino para que no te olviden”. Un aforismo que encaja en el reclamo de la etapa de Guillermo en Boca. Porque, a pesar de los números antes remarcados, algo que jamás se pudo definir es el estilo y las formas que buscaba el entrenador en sus dirigidos. “Nos pide siempre que ataquemos”, definió alguna vez uno de sus dirigidos, pero varias son las incógnitas que nunca se respondieron al ver sus partidos ¿Cómo atacar? ¿En qué momento hacerlo y con qué idea?

A la ausencia de una referencia de juego, se le sumó la falta de muñeca para cambiar de plan en partidos que resultaron adversos. Sólo en la semifinal de ida ante Palmeiras, con el ingreso de Darío Benedetto, Guillermo logró modificar la ecuación, en el resto de encuentros jamás se vio ese detalle en él. Situación que quedó más evidente porque en la vereda de enfrente Marcelo Gallardo lo hizo en los dos partidos que se enfrentaron. La dos derrotas ante River fueron el punto de inflexión para que la moneda cayera con la otra cara y, pese a contar con estadísticas favorables, la etapa de los Barros Schelotto concluyera con una deuda eterna en el juego.

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